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Obsesión: Jennifer Lopez, sensual en la mente del asesino

Obsesión: Jennifer Lopez, sensual en la mente del asesino
10/04/2015 - Pepe Alfaro

Obsesión constituye una de las palabras más recurrentes en los títulos que nos ha legado la genealogía del cine. Entre otras, destaca la magnificencia del melodrama Obsesión (Magnificent obssesion, 1954) orquestada por el especialista Douglas Sirk en torno a un engreído millonario salvado de su estulticia por el remordimiento y el amor; aunque ya con anterioridad Luchino Visconti se había inspirado (sin acreditarlo) en la novela de James M. Cain El cartero siempre llama dos veces para su Ossessione (1943); hasta el sorprendente Roger Corman adaptó un relatode Edgar Allan Poe que en nuestro país se tituló La obsesión (The premature burial, 1962), sobre la angustia de una herencia cataléptica, temor bastante extendido en la época.


Por ello resulta más sorprendente si cabe que este thriller, pretendidamente psicológico, sobre el acoso de un veinteañero a una voluptuosa madre se haya distribuido en nuestro país con el título de Obsesión, cuando el original (The boy next door) resulta bastante más cercano a la naturaleza de la historia, una historia que se acaba en el momento que el espectador descubre que el vecino que vive al lado es otro psicópata de opereta, al que el bailarín de Step up Ryan Guzman apenas aporta el porte de una hermosa presencia física, aunque contradiga la edad del personaje.


La película se presentaba tratando de explotar el potencial erótico de la protagonista, pero las pretendidas cincuenta sombras de Jennifer Lopez se quedan en una sola penumbra con la sensualidad tan delimitada, medida y comedida, que cualquier espectáculo musical de la bailarina y cantante portorriqueña explota las pulsiones de la libido con bastante más intensidad; además, resulta mucho más creíble que en el papel de una profesora de literatura clásica que se embebe de referencias homéricas. Y no hablamos del mensaje ultraconservador que el film transmite sobre valores como el divorcio y la familia, capaz de sobreponerse y vencer cualquier peligro si permanece unida y pelea en grupo.


Para la ocasión, se ha buscado un director capaz de meterse de nuevo En la mente del asesino (2012). Rob Cohen, en cuyos créditos figura el mérito de haber iniciado una de las sagas más rentables de la industria en lo que llevamos de siglo con Fast and furious (2001), es el encargado de intentar cuadrar los estereotipados personajes y las limitaciones de un guion que apenas se sustenta más allá de una sucesión de tópicos con un final tan remendado como previsible, estirado en demasía hasta completar los mínimos noventa minutos requeridos. 


Queda claro que la obsesión de JLo por reactivar su carrera cinematográfica no parece augurar el resurgimiento de su faceta de actriz, inmersa en un tobogán de estímulo descendente. Y ello a pesar de ampliar su ámbito profesional a labores de producción, intentando volver por los fueros del thriller, donde se dio a conocer con Blood & Wine de la mano de Bob Rafelson hace ya dos décadas; y es que a pesar de las confluencias no siempre el cartero llama dos veces.